Avistamiento de ballenas: una experiencia que vivir una vez en la vida

Liza Marie Niesmak
Liza Marie Niesmak
Periodista de Hamburgo
© ©Lobosonda – Madeira Whale Watching

El océano Atlántico ofrece experiencias realmente emocionantes, incluso a los temerosos de las grandes criaturas marinas. Este fue el caso de una viajera convencida por sus amigos para hacer un viaje a la isla de Madeira montada en un bote para el avistamiento de ballenas. Esta es su historia.

Deseo, en secreto, no encontrarme con ninguna ballena mientras viajo en una lancha a una velocidad de 30 nudos en los alrededores de la isla de Madeira. Podría hablar de respeto, pero lo cierto es que mi miedo es palpable. Y es que ahora lamento haberme montado en una pequeña embarcación hinchable de PVC en lugar de en un barco de pesca más voluminoso. Al menos, estamos bastante juntos y podemos agarrarnos bien.

Nuestro ágil bote de largo recorrido posee 500 CV de potencia y se llama Stenella. Tiene una capacidad máxima de 12 personas y los delfines no dudan en nadar junto a él. Tiene también 9 metros de largo y 3 metros de ancho. Para hacernos a una idea, el Stenella tiene las dimensiones de una orca adulta. Lo sé porque una ballena de este tipo, con sus 6 toneladas de peso, también nadó a nuestro lado.

En resumen, me siento tan segura como si viajase encima de un plátano. Pero me sentí aún peor cuando supe que el capitán de la embarcación era conocido en la intimidad como “Moby Dick”.

Greenpeace y WWF no tienen ninguna objeción al avistamiento de delfines y ballenas, siempre y cuando estos animales sean tratados con respeto y precaución y no nos acerquemos a una distancia inferior a los 100 metros.

©Lobosonda – Madeira Whale Watching

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En mi cabeza tengo presente que la frecuencia de los avistamientos es irregular. De hecho, nos lo han explicado antes de partir. A menudo solo es posible ver delfines comunes y mulares. De vez en cuando, existe la oportunidad de contemplar delfines piloto y cachalotes. Hace solo unas semanas, un grupo tuvo la suerte de toparse con una ballena azul. La posibilidad de encontrarse con una orca es menor del 1%. Lo cierto es que hasta un cachalote podría con su ‘Fluke’, es decir, con su aleta trasera, hundir nuestro barco sin ningún tipo de esfuerzo.

Cuanto más nos alejamos de la costa, más incómoda me siento. Los grupos de gaviotas dando vueltas sobre el agua me parecen de lo más sospechoso. Es posible ver también a los bancos de peces unirse e intuir el plancton que tanto gusta a las ballenas. Cada vez que el capitán cogía sus prismáticos para echar un vistazo al horizonte marino, informaba de lo que veía a través de su teléfono móvil. Y yo me estremezco por dentro. Siguiendo sus indicaciones, seguimos avanzando por las aguas del océano Atlántico. Parece que hoy voy a tener ‘suerte’, teniendo en cuenta el tono de voz del resto de tripulantes. Casi una hora dando vueltas y ni un signo de avistamiento. Todo parece ir bien.

Llegados a este punto, mi relajación empieza a convertirse en aburrimiento. De pronto, alguien grita ‘”¡Mira, allí!”, y señala con el dedo un punto en el agua cercano a la embarcación. Mi estómago se sobrecoge y me pongo bastante nerviosa, hasta que descubro que se trata solo de una tortuga. Una hermosa tortuga que flota tranquilamente sobre el agua. Esta experiencia me hace sentir satisfecha e, incluso, pienso que ya he tenido suficientes emociones por hoy.

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Un poco más tarde, uno de los tripulantes vuelve a hacer una nueva indicación. Y esta vez no es una tortuga. Se trata de un grupo de delfines que sale a la superficie a algunos metros de nuestro bote. Rápidamente, ponemos rumbo hacia ellos hasta entrar casi en contacto. Me siento inquieta pero, a la vez, me parece gratificante. Los delfines no me originan un gran temor; al menos hasta antes de saber que, tal y como nos dijo el guía, sus brincos sobre el agua no son juguetones, sino que lo hacen porque nos creen una amenaza. Ellos quieren estar solos mientras comen.

¿Dónde puedes avistar ballenas? Madeira es uno de los mejores lugares de todo el mundo para el avistamiento de ballenas. De hecho, solo es comparable con Nueva Zelanda y con la isla de La Gomera. Eso sí, en función de la época del año, hay enclaves propicios para verlas. Por ejemplo, durante los meses de verano es muy fácil avistarlas en Islandia y, en concreto, en Húsavík y en las bahías de Skjálfandi y Eyjafjörður, pero también en el archipiélago noruego de Vesterålen. Por su parte, durante el invierno, estos animales son visibles entre Santa Bárbar y las Islas del Canal (California), en Florida y en Sudáfrica (Hermanus, Walker Bay y Plettenber Bay).

Volvemos a quedarnos quietos sobre el agua hasta que, de pronto, alguien parece ver un estallido en el agua, probablemente, provocado por el impacto de la aleta trasera de una ballena. Solo me queda agarrarme lo más fuerte que puedo a mi asiento y echarle valor. Lo tengo que admitir: los delfines me han animado bastante.

“¡No!”, este el grito que escucho detrás de mí y que hace que mi cuello gire como accionado por un resorte. Al hacerlo, veo como la cola grisácea de una ballena desaparece bajo el agua. El guía nos dice que no puede asegurarlo, pero que probablemente se trate de una ballena de Bryde. Esta especie puede alcanzar las 25 toneladas de peso sin grandes dificultades. Además, también llega a medir 16 metros de largo, lo que viene a ser como cuatro Volkswagen Golf colocados en fila uno detrás de otro.

De pronto, lejos de sentir temor, me doy cuenta de que tener a este poderoso animal tan cerca me fascina. De hecho, es posible que esté ahora mismo justo debajo de nosotros y no tengo miedo. Me sorprendo a mí misma pensando en que me encantaría que volviese a salir a la superficie para verlo de nuevo. El guía da vueltas en torno a la ubicación en la que apareció anteriormente, pero no sucede nada. “¿Dónde estás ballena?”, escucho decir a mi voz interior. “¡Venga! Déjame verte de nuevo!”. Casi no me he dado cuenta, pero han pasado dos horas y tenemos que volver hacia el puerto. Muy a mi pesar,  he de reconocer.

©Lobosonda – Madeira Whale Watching

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Por el camino, me giro hacia atrás una y otra vez, pero la ballena de Bryde (o lo que fuese) no vuelve a aparecer. Solo veo un mar infinito y profundo y a la cabeza me viene el recuerdo de los pocos instantes en los que pude ver a ese increíble gigante justo delante de mí. Sin lugar a dudas, es uno de los momentos más inolvidables de mi vida.

¿Cómo podemos los seres humanos cazar a las ballenas por placer? Estos animales viven en el mar desde hace, más o menos, entre 30 y 50 millones de años y el fósil de Homo Erectus más antiguo jamás encontrado apenas posee 2 millones de años de antigüedad. ¿Dónde se encontrará ahora esa ballena de Bryde que tuve la enorme fortuna de ver con mis propios ojos? Espero que, esté donde esté, no se encuentre jamás con ningún capitán Acab.

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