#loveurope – Qué hizo que Craig se enamorase de Austria

David
David Alonso
Redactor KAYAK MGZN

Craig es escocés y lo suyo con Austria fue amor a primera vista. A continuación puedes ver su Love Letter. Si tú también eres un enamorado de algún país europeo, ¿a qué esperas para contárnoslo?

El amor por Europa está presente en nuestro día a día. Es por eso que en KAYAK os hemos propuesto que compartáis vuestras Love Letters, para que declaréis vuestro amor a un país europeo. Europa es sinónimo de variedad, de vida y de convivencia, ¡celebrémoslo!

Gracias a esta campaña, cada día recibimos cientos de mensajes alegres, optimistas y, sobre todo, muy personales, que comienzan con un “Querida Francia”, “Querida Italia” o “Querida Alemania”. Puedes ver un resumen de todos estos vídeos aquí.

La Love Letter de Craig en la que declara su amor por Austria nos gustó tanto que quisimos conocer su historia más a fondo. Si tú también quieres saber más de por qué Craig se enamoró de Austria, ¡sigue leyendo!

Craig MacMillan: “Empecé a aprender alemán hace 11 años, en la escuela secundaria. Como aficionado al fútbol, lo primero que me interesó fue la Bundesliga. No obstante, con el tiempo he desarrollado una auténtica pasión por la historia, la cultura, el estilo de vida y la gastronomía alemana. Y, por supuesto, ¡por la cerveza!

Ya había viajado antes a ciudades de habla alemana, pero mi experiencia en Viena marcó un antes y un después. Fui allí para estudiar un año en la Universidad de Economía de Viena (WU), como alumno del programa de intercambio Erasmus. Desde el primer momento, este viaje fue diferente a cualquier otro. Eso sí, tengo que decir la verdad, ¡fue muy duro! Nunca antes había tenido la necesidad de comunicarme en alemán en mi día a día y tampoco había vivido fuera de casa, sin el apoyo de mi familia y mis amigos. Cuando llegué a Viena estaba solo ante el peligro y no tenía muy claro cómo iba a arreglármelas.

La Ópera de Viena © Dimitry Anikin/Unsplash.com

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Cuando llegué a Viena estaba muerto de hambre, pero era un domingo por la noche y todas las tiendas estaban cerradas. Lo único que encontré abierto fue un pequeño Würstelstand (puesto de perritos calientes) cerca de mi apartamento. Así que allí estaba yo, un escocés recién salido de casa que solo estaba familiarizado con el Hochdeutsch (alemán estándar) de sus clases de alemán. Imaginaos la cara que se me quedó cuando la amable mujer del puesto me dijo: “jo dos koste zwo ochtzi bittuh” con un fuerte acento austriaco.

Con el tiempo me fui dando cuenta de que los vieneses están muy orgullosos de su acento, sus expresiones (oida! = ¡tío!), su cultura y su historia, pero de una forma que es acogedora con los extranjeros. Por ejemplo, recuerdo estar en un bar tratando de aprender palabras coloquiales austriacas con otros estudiantes de mi universidad. Ellos tuvieron que corregirme miles de veces, pero no lo hacían para burlarse de mí, sino para ayudarme a integrarme.

Mis días en la WU fueron todo un desafío: la mayoría de mis clases eran en alemán, compartidas con estudiantes locales, y requerían que realizase mis trabajos y presentaciones también en alemán. Al principio pensé que nunca sería capaz de participar como los demás, pero todos y cada uno de mis compañeros de clase me ayudaron y animaron para que lo consiguiera. Cada año hay muchos estudiantes Erasmus que vienen y van, por lo que me sorprendió mucho que estuvieran tan dispuestos a apoyar a un desconocido escocés.

Esta es una de las cosas que hizo que Viena me recordase a mi ciudad natal, Glasgow, puesto que ambas son grandes metrópolis más parecidas a pueblos que a ciudades. En Viena, el contraste es impresionante. Por un lado es una capital europea que destaca por su magnífica arquitectura, su apasionante historia y, por supuesto, la experiencia única de los cafés de Viena; y por otro es un lugar relajado, lleno de bares, fiestas, campos de fútbol, parques y árboles por todas partes. Es una ciudad que puede mostrarte muchas caras diferentes, siempre y cuando estés dispuesto a descubrirlas.

Panorámica sobre Viena © Calin Stan/Shutterstock.com

No esperaba en absoluto recibir una acogida tan buena en una gran ciudad. La gente siempre estaba dispuesta a hablar en alemán y en inglés, ¡y aún más en el alemán de Austria y el inglés de Escocia! Las similitudes entre ambos países también ayudaron a que me adaptase sin problemas: ambos son montañosos, con un importante sector agrícola, comportamientos sociales similares, acentos muy particulares, y son como un hermano pequeño de Alemania/Inglaterra.

Dos o tres años después de mi año Erasmus tuve la oportunidad de volver a Viena para hacer unas prácticas. Dicen que las segundas partes nunca son buenas, ¡pero en mi caso fue aún mejor! Siempre estaba descubriendo cosas nuevas y no hubo ni un minuto de aburrimiento.

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En la actualidad vivo en Londres, pero viajo al menos un par de veces al año a Viena. Para mí es como visitar a un viejo amigo. La primera vez que fui a Viena era un veinteañero nervioso, con un alemán muy flojo y que nunca antes había salido de su burbuja en el Reino Unido. Ahora, años más tarde, puedo sentarme tranquilamente a disfrutar de una cerveza con mis amigos austriacos y puedo pasear por las calles que un día fueron desconocidas y sentirme como en casa. ¡Para mí es algo muy especial!

Esto he de agradecérselo a Austria, pero sobre todo a los austriacos. El paisaje, la historia, la arquitectura y los palacios son maravillosos; pero lo que de verdad me robó el corazón fue la amabilidad de las personas que me ayudaron a encontrar mi camino, me invitaron a probar platos típicos, me enseñaron palabras y expresiones nuevas… La gente es quien crea el incomparable espíritu de Viena.”

Nota: los precios se basan en búsquedas realizadas en KAYAK.es el 13/07/2017. Los precios son para un vuelo de ida y vuelta en clase económica. Los precios de los hoteles son por noche para una habitación doble con impuestos y tasas incluidos. Los precios mostrados están en EUR. Los precios están sujetos a cambios, pueden variar o no estar disponibles.

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