48 horas en Lhasa: un viaje espiritual a la cima del mundo

Maria Menzel
Maria Menzel
© Dos monjes observan el valle desde el Palacio de Potala

Cuando la mayoría de la gente piensa en Lhasa, lo primero que se les viene a la mente es Brad Pitt en el papel de Heinrich Harrer, persona de confianza del dalái lama en la película “Siete años en el Tíbet“. Bien esto o… ¿Lhasa? ¿Eso dónde está? Y la verdad es que no es de extrañar, dado que Lhasa es uno de los destinos menos visitados del mundo, ya que llegar hasta el hogar espiritual del budismo supone una odisea. A pesar de que la Región Autónoma del Tíbet no lo pone fácil, cada momento vivido en este lugar vale la pena, especialmente para aquellos que quieren aprender más sobre el Budismo y la famosa “Revolución cultural“

Si llegas en avión desde Nepal o China, desde el cielo la ciudad parece una manchita blanca en el mapa topográfico. Para los que lleguen en coche por la Friendship Highway o en tren desde Xining, China, la ciudad es como un oasis para alguien perdido en el desierto. Alrededor de Lhasa, todo es mate, tosco y seco. No hay hierba, apenas árboles en el paisaje, solo algún reflejo ocasional del azul del lago. Es difícil imaginar que, en medio de un paisaje tan hostil, este lugar sea un centro de la fe y la vida.

Lhasa, la capital del Tíbet, se sitúa a una altitud de 3650 metros.

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De hecho, este lugar, que es el más deshabitado del mundo, es lo más cerca que se puede estar del cielo sin abandonar la civilización. Y esto es un hecho, ya que 9 de las 14 montañas más altas del mundo (todas superan los 8000 metros) se encuentra aquí, en el Himalaya. Entre los picos se incluye el monte Everest, llamado Qomolangma por los tibetanos.

En un sentido más literal, Lhasa se traduce como “la tierra de los dioses“; un nombre que le queda perfecto al hogar del budismo tibetano, dada su proximidad al cielo. No es tanto la altitud a la que se encuentra Lhasa, sino su aislamiento, escondida entre flancos de grandes montañas, lo que hacen que este destino sea de algún modo “inalcanzable“.

El permiso oficial de viaje

Los documentos que se necesitan para viajar a la Región Autónoma del Tíbet no contribuyen a la accesibilidad del lugar. Para viajar a la región necesitas un permiso de viaje del Tíbet que solo se puede conseguir en una agencia de viajes acreditada por la agencia oficial de turismo tibetana (más detalles abajo).

La imagenes budistas están por todas partes.

Las condiciones para visitar el país cambian con mucha frecuencia. En principio, no suelen conceder permisos de entrada a viajeros en solitario, por lo que a veces es más fácil conseguirlo si viajas en pareja, en grupos de 5 personas o de varias nacionalidades… Es posible que no consigas el permiso a la primera y tengas que intentarlo un par de veces. En ocasiones, también se permite que los viajeros en solitario se unan a un grupo más grande.

Las agencias de viaje acreditadas por el gobierno tibetano deberán organizar un tour guiado y un itinerario para todo el grupo del que formes parte. Desafortunadamente, el Tíbet no es un destino donde podrás viajar “a tu aire“; es más bien un viaje organizado bastante caro. Eso sí, aunque es imposible viajar de forma independiente a la Región Autónoma del Tíbet, te puedo asegurar que lo positivo gana a lo negativo y hace que el viaje merezca la pena.

48 horas en Lhasa: día 1

Lhasa, 11:50 | Algo no va bien

Hay dos rasgos asociados al budismo que impregnan el paisaje de la ciudad: paciencia y compostura. Sin embargo, en lugar de darte la sensación de que has alcanzado un destino espiritual, te das cuenta de lo que te espera en Lhasa.

Una de las calles principales de Lhasa

Cuando contemplas la ciudad, te das cuenta de que hay un no sé qué intangible que impregna las calles, donde se apostan soldados chinos armados desde la ocupación de 1949-1950. Una imagen que contrasta enormemente con los monjes tibetanos rezando.

Hombre con un molino de oración

Desde la terraza del restaurante del hotel House of Shambhala puedes observar la ciudad desde la altura. No tardarás mucho en darte cuenta de que algo no va bien en Lhasa.

Lhasa, 13:15 | Hora de ver la atracción turística más popular

Tras almorzar, dirígete al palacio de Potala. La antigua residencia del decimocuarto dalái lama se alza en la ladera de una montaña a 130 metros de la ciudad. Los colores blanco y rojo de las fachadas son un recuerdo desafiante del contexto político que forzó a huir al dalái lama a Dharamsala en marzo de 1959. Este permanece en exilio tras la brutal supresión de las manifestaciones tibetanas por la libertad e independencia del país.

El Palacio de Potala, la residencia oficial del dalái lama durante 300 años, hasta 1959

Es un milagro que el palacio aún esté en pie, a diferencia de muchos otros monumentos tibetanos que fueron destruidos por los chinos durante la Revolución Cultural. El palacio, con 999 estancias distribuidas en 13 plantas, fue nombrado Patrimonio de la Humanidad por la Unesco en 1994.

Las lámparas de mantequilla están presentes en todos los templos

El olor del incienso y las lámparas de mantequilla inundan el interior del palacio, así como el murmullo de los monjes rezando. Por todas partes verás Buddhas en diferentes posiciones y con diferentes gestos que cuentan diferentes historias y con significados variados.

Lhasa, 15:40 | Observando los rezos budistas bajo vigilancia

El mejor punto para contemplar el esplendor de la fachada del palacio de Potala es la céntrica plaza de la zona de Barkhor, donde se encuentra el templo de Jokhang, el santuario más importante del budismo tibetano y un lugar de peregrinaje.

El templo de Jokhang desde la plaza Barkhor

Por la tarde tendrás algo de tiempo libre; te recomiendo encontrar un lugar tranquilo desde donde contemplar la plaza y la vida de la zona. Puedes ver cómo los monjes rezan con lealtad en la entrada del templo; sus movimientos repetitivos son de lo más hipnotizantes. Ver esta repetición meditativa te hace entender de una nueva forma la paz, la calma y la introspección del budismo. Además, contemplar este pacífico ritual deja en una situación un tanto ridícula a los guardias armados que vigilan la plaza desde el tejado de los edificios.

Rezos frente al templo de Jokhang

Lhasa, 17:00 | Descubriendo lo que es una discusión subida de tono en Lhasa

Tras la tranquilidad del templo de Jokhang, prepárate para el contraste con el Monasterio Sera. Ya desde lejos puedes escuchar las voces en tibetano. En el patio interior del templo se concentran alrededor de un centenar de monjes tibetanos, en sus trajes de color azafrán, discutiendo en voz alta y alzando las manos los unos a los otros de forma violenta.

Monjes discutiendo en el Monasterio Sera

Esta situación, que parece un combate a cuerpo a cuerpo a punto de comenzar, es en realidad la forma que tienen de debatir los monjes en esta zona. Estos “gestos“ verbales y físicos a veces son reales y otras veces se dan entre risas; una combinación que da lugar a un espacio donde las opiniones conllevan sentimientos y emociones.

Monjes discutiendo en el Monasterio Sera

Lhasa, 19:35 | Hora de cenar en el centro de la ciudad

En las últimas horas de la tarde disfruta de la atmósfera nocturna en uno de los restaurantes del centro de la ciudad, cerca de la plaza Barkhor. Te recomiendo el Makye Ame Tibetan Restaurant, excelente y con vistas al templo de Jokhang. Otro lugar muy recomendable es el Snowland Hotel, que ofrece buena comida y una terraza en la azotea donde puedes disfrutar de las mejores vistas del casco antiguo.

Un puesto de venta de carne en la plaza Barkhor

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48 horas en Lhasa: día 2

Lhasa, 9:00 | La comida más importante

El desayuno, la comida más importante del día, es aún más relevante a esta altura. El día de los tibetanos comienza con un té dulce y Thukpa, una sopa de fideos típica de la región, o Tsampa, una mezcla de agua y cereales que dicen que otorga una resistencia legendaria en el fino aire de la meseta. Si quieres comer con los locales en un ambiente tradicional, pídele a tu guía que te lleve a la casa de té Guang Ming Gang Qiong Tian ChaGuan, a unos pocos metros al norte del Snowden Hotel. Si te apetece un buen café, a la vuelta de la esquina se encuentra el magnífico Greenhouse Cafe.

Lhasa, 10:15 | Una mañana llena de visitas

Tras desayunar, toca ponerse en marcha (hay mucho que hacer en el segundo día). Visita el palacio Norbulingka, la residencia de verano del dalái lama y el Museo del Tíbet, antes de conducir a la colina sagrada de Chagpori.

Molinos de oración en un puesto callejero

Lhasa, 13:05 | Almuerzo ligero

A mediodía se toma un almuerzo ligero en algún lugar como Father Vegetarian, un restaurante pequeño y acogedor donde cocineros jóvenes preparan versiones vegetarianas de la cocina tibetana tradicional.

Lhasa, 14:20 | Un viaje para el cuerpo y la mente

Por la tarde toca visitar Drepung, un complejo de monasterios lleno de numerosas manifestaciones y reencarnaciones de figuras sagradas budistas. Después, nuestro itinerario sigue con una visita al Nietang Buddha. La figura más impresionante de Lhasa se encuentra a 20 km del sudoeste de la ciudad: el increíble Nietang Buddha naranja, azul y dorado brilla desde el acantilado donde está tallado. Un lugar de paz y tranquilidad para el cuerpo y la mente, el final perfecto para un día de turismo espiritual.

Hombre rezando frente al templo de Jokhang

Lhasa, 18:30 | Una buena comida casera

Siguiendo con la costumbre de disfrutar de la gastronomía local, visita Tibetan Family Kitchen. Comer aquí es como si te hubieran invitado a comer a casa de un tibetano. Si buscas un establecimiento menos rústico, Arirang Barbeque City ofrece una carta excelente de gastronomía de estilo coreano.

Lhasa, 21:00 | Lo mejor para hacer la digestión

Hay cierto tipo de viajero que cree, inocentemente, que conoce el Tíbet solo por haber viajado por Nepal e India. Estos viajeros se sorprenden al ver que en el centro espiritual del Tíbet, Lhasa, no se ofrezcan clases de yoga por la tarde-noche. En Lhasa, las cosas van a otro ritmo.

Mujeres paseando y haciendo girar molinos de oración

Dicho esto, sí es posible asistir a clases de yoga en la ciudad, pero son menos frecuentes. Visita el Iridium Yoga Pilates Studios o el St. Regis Lhasa Resort para más información. Si quieres algo más tradicional, prueba a tocar la puerta de un monasterio budista, pero necesitarás tiempo y paciencia. Aunque a veces permiten a los viajeros unirse, no hay garantía alguna.

Monjes en el patio de uno de los templos

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¿Qué debo tener en cuenta si quiero viajar a Lhasa?

Consejo del gobierno: “Los viajes al Tíbet son posibles en su mayoría, pero hay restricciones de viaje temporales o permanentes que no suelen publicarse“.

  • Los extranjeros necesitan un permiso especial para viajar a la Región Autónoma del Tíbet. El permiso es emitido por la oficina de turismo tibetana de Lhasa.
  • Solo se puede solicitar este permiso a través de una agencia de viajes acreditada por la Tibetan Tourist Board. En teoría, no se emiten permisos para viajeros en solitario. Los viajeros deben viajar en grupos de mínimo 5 personas y las agencias se encargará de reunir a 5 personas si no se llega al número mínimo.
  • Para conseguir el permiso especial necesitarás una copia escaneada de tu pasaporte, tu visado de China e información sobre tu profesión. Según la agencia tibetana de turismo, tardan entre 5 y 7 días en procesar el permiso.
  • La agencia con la que reserves, acreditada por el gobierno tibetano, se encargará de organizar el transporte y guías para todo el viaje.
  • Los montañeros, periodistas, viajeros de negocios y las personas que visiten a familiares deben cumplir otros requisitos, que el gobierno chino solicitará de forma individual.
En los rezos budistas se utilizan cadenas de oración

Todas las fotos: © Maria Menzel

Nota: los precios se basan en búsquedas realizadas en KAYAK.es el 14/08/2017. Los precios son para un vuelo de ida y vuelta en clase económica. Los precios de los hoteles son por noche para una habitación doble con impuestos y tasas incluidos. Los precios mostrados están en EUR. Los precios están sujetos a cambios, pueden variar o no estar disponibles.

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