En el interior de todo el hotel, se ha logrado que la decoración forme un marco ideal de estilo palaciego. Paredes y carpintería en blanco, techos abovedados bien conservados y un formidable suelo de madera, extraído de viejos troncos de roble francés, dando sin duda un toque muy cálido. Todo ello conforma espacios limpios y radiantes compartidos con un mobiliario procedente de todo tipo de rincones de Europa. Antigüedades francesas comparten espacio con soberbias alfombras rusas, piezas orientales e incluso con obras del diseño más actual. Muchos de los elementos se repiten en varias de las estancias y suites con el fin de crear un clima unitario. De este modo, se pueden ver espectaculares marcos de espejos, veladores holandeses o grabados de retratos en todo el recinto. Una “boiserie” francesa, con librería acristalada recorre toda la pared de la biblioteca iluminada con lámparas de techo rumanas, dónde se puede disfrutar de una lectura tranquila en sus sofás de metro y medio de fondo, cubiertos con fundas blancas de hilo. El Restaurante, independiente de la masía, está rodeado de cristaleras con carpintería oscura, a juego con las vigas del techo donde presiden el local unas enormes lámparas parisinas. Alrededor de las mesas, con mantelería blanca, diferentes tipos de sillas. Las paredes están decoradas con biombos franceses del s.XVII que muestran unos estampados florales de inspiración oriental. En el restaurante, donde se acentuó ese toque veneciano que caracteriza a todo el hotel, se puede saborear desde la cocina tradicional típica de la región hasta los platos más vanguardistas.
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